Los cuatro sesgos en la percepción errónea sobre la pobreza

Aunque usualmente nos percibimos como sujetos en la capacidad, o al menos potencialmente, de percibir, tomar decisiones y actuar de manera racional, lo cierto es que esto no siempre sucede así. La psicología como la economía experimental han ido demostrando que no somos tan racionales como presuponemos, de hecho solemos ser bastante irracionales en el momento de la toma de decisiones: nuestra mente se encuentra atravesada por numerosos tipos de sesgos y heurísticos que “tergiversan” la manera como vemos el mundo y por lo tanto nos imposibilitan verlo de manera objetiva, “tal como es”.

Existen numerosos tipos de sesgos y su taxonomía es amplia, algunos pueden aparecer en la toma de decisiones, la manera como leemos a las otras personas, o en los fenómenos sociales etc. La forma en que concebimos la pobreza no es una excepción, es un fenómeno social que está inevitablemente atravesado por un abanico de prejuicios.

Si bien existen bastantes tipos de sesgos en la concepción de la pobreza, en este escrito describimos cuatro de ellos, los cuales consideramos como los más generalizados en la opinión pública. Estos son: 1) Sesgo de correspondencia, 2) Efecto Halo, 3) Sesgo de confirmación y 4) Ilusión del mundo justo.

  • Sesgo de correspondencia: Hace una evaluación de una persona cuando se encuentra desvalida, en desventaja, o desfavorable y justifica su situación por sus características internas (falta de carácter, baja inteligencia, falta de talento, la falta de disciplina etc.) de manera negativa e ignora los factores externos como pueden llegar a ser el rol, circunstancias desfavorables, la acción coercitiva de otra persona etc. Por el contrario, esa misma persona se evaluará a sí misma y exaltará más sus factores internos e ignorará o menospreciará las circunstancias externas.
  • Efecto Halo: Una persona que es buena por una característica o capacidad es normalmente considerada – erróneamente – también buena en otras cualidades, aun cuando los dos tópicos no estén relacionados.En nuestro tema, si alguien es millonario tal vez erróneamente se considerará también disciplinado, consistente etc. aún cuando tal vez no lo sea y obtuviera su riqueza por un juego de azar o una herencia.
  • Sesgo de confirmación: Es la tendencia a favorecer, buscar, interpretar, y recordar, la información que confirma las propias creencias o hipótesis, dando desproporcionadamente menos consideración a posibles alternativas.  Este tipo de sesgo puede desencadenar lo que en lógica se denomina la falacia de la generalización, al tomar un juicio particular – por lo general un prejuicio sobre un fenómeno – y asumir que puede explicar y justificar todas la demás situaciones similares. En nuestro caso, el ver a unos obreros que ganan poco tomando un simple descanso laboral activa este sesgo y lleva a la persona a afirmar que “todos los pobres son perezosos” cuando en realidad observar que a partir de que unas personas toman un descanso no se deduce que todas las personas sean perezosas.
  • Ilusión del mundo justo:  Es tal vez el sesgo más generalizado al momento de abordar un problema tan complejo como la pobreza y es la tendencia prejuiciosa a percibir que el mundo es de antemano justo y por consiguiente las personas reciben lo que se merecen. Diversos estudios muestran que quienes creen en un mundo justo tienen más probabilidad de creer que las víctimas violadas han debido comportarse de manera seductora, que las mujeres maltratadas tuvieron que merecer los golpes, que las personas enfermas se han causado su enfermedad con sus actos o que los pobres se han buscado su pobreza, todo porque el mundo es justo y pone a cada uno en su sitio. Esto es lo que coloquialmente se conoce como la “justicia divina” o los “planes de dios”.

Ser conscientes de que nosotros mismos tenemos presentes diversos sesgos en nuestra vida cotidiana nos ayuda, paradójicamente, a limitar su efecto en nuestra concepción de los fenómenos sociales y de una u otra manera también bajar los muros escondidos que se encuentran en nuestras percepciones y se expresan en nuestras opiniones, nos conduce a ser más empáticos y sensatos al momento de abordar un tema tan complejo como lo es el de la pobreza.

 

Por: Andrés Felipe Pinilla Jiménez.

Voluntario ‘Ponte en mis zapatos’

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